Autoestima y amor propio
Dejar de convertirnos en otra persona para sentir que merecemos amor, respeto y pertenencia.
LeerCuando vivimos pensando que seremos felices al conseguir lo siguiente, la vida puede convertirse en una carrera hacia un futuro que nunca termina de llegar.
Seguramente conoces la imagen del burro que camina detrás de una zanahoria suspendida delante de él. Avanza porque cree que está a punto de alcanzarla, pero cada paso que da hace que la zanahoria avance también.
La metáfora puede ayudarnos a observar una forma muy habitual de vivir: pensar que la felicidad llegará cuando consigamos aquello que todavía nos falta.
Cuando termine los estudios. Cuando encuentre trabajo. Cuando gane más dinero. Cuando tenga pareja. Cuando cambie mi cuerpo. Cuando consiga reconocimiento. Cuando pueda comprar aquello que deseo. Cuando mis problemas desaparezcan. Cuando me jubile.
Conseguir objetivos puede producir satisfacción y forma parte natural de la vida. El problema aparece cuando convertimos cada objetivo en la condición que debemos cumplir para permitirnos estar bien.
Alcanzamos una meta, sentimos durante un tiempo satisfacción o alivio y, poco después, aparece otra. La zanahoria vuelve a colocarse unos metros por delante.

Desde pequeños aprendemos a orientarnos hacia el futuro. Se nos anima a crecer, aprender, obtener resultados y alcanzar determinados objetivos. Todo ello puede ser necesario y valioso. Pero también podemos interiorizar otro mensaje: “tal como eres ahora todavía no es suficiente”.
Entonces empezamos a construir una versión futura de nosotros mismos que finalmente debería hacernos sentir completos: más exitosos, más atractivos, más seguros, más reconocidos, más amados.
Osho describe esta tensión como la distancia entre lo que somos y lo que creemos que deberíamos ser. Cuando nuestra aceptación depende de alcanzar ese ideal, el presente se convierte únicamente en un lugar de paso hacia una versión mejor de nosotros mismos.
Esto no significa que tengamos que renunciar a nuestros proyectos o al deseo de crecer. La diferencia está en si caminamos hacia algo porque queremos experimentarlo o si necesitamos conseguirlo para demostrar que finalmente somos suficientes.
Podemos tener metas sin convertir nuestra vida actual en una sala de espera.
No todas nuestras zanahorias son profesionales, económicas o materiales. También podemos convertir el amor y las relaciones en una promesa de felicidad futura.
Podemos pensar: “cuando encuentre pareja estaré bien”, “cuando esta persona me quiera dejaré de sentirme solo”, “cuando me elija sabré que valgo” o “cuando cambie podré ser feliz con ella”.
Pero luego llega la pareja y nunca es como esperabamos. Las expectativas que ponemos sobre otras personas tarde o temprano nos llevan a una gran decepcion. Uno de los motivos puede ser las carencias afectivas a temprana edad, a veces nos llevan a buscar en una relación aquello que sentimos que nos faltó en nuestra infancia.
Desde el marco de la codependencia, esta idea resulta especialmente interesante: la otra persona puede convertirse en nuestra zanahoria. Ya no esperamos simplemente compartir amor; esperamos que el vínculo nos proporcione seguridad, valor, identidad o la sensación de estar completos.
Cuando eso ocurre podemos vivir excesivamente pendientes de conseguir o conservar el amor del otro. Y aunque finalmente lo obtengamos, ninguna persona puede garantizar permanentemente que nunca sentiremos inseguridad, soledad, rechazo o miedo.
Mirar nuestras carencias no significa concluir que no necesitamos a nadie. Necesitamos vínculos, afecto y pertenencia. Significa observar qué esperamos que otra persona resuelva por nosotros y empezar a hacernos responsables también de nuestro mundo interior.
Detrás de muchas zanahorias puede esconderse una idea sencilla: “todavía no soy suficientemente bueno como soy”. Por eso podemos vivir intentando convertirnos en una versión futura de nosotros mismos antes de permitirnos estar bien.
La propuesta es: dejar de posponer la vida hasta alcanzar un ideal y recuperar la aceptación de lo que somos ahora. Aceptarnos no significa renunciar a crecer ni abandonar nuestros proyectos, sino dejar de utilizar el rechazo hacia nosotros mismos como motor para cambiar.
Darnos cuenta de que llevamos años persiguiendo determinadas zanahorias puede resultar incómodo. Algunas nos han proporcionado dirección, esperanza y sentido. Pero abandonar la zanahoria no significa abandonar la vida: significa dejar de exigirle al futuro que nos dé permiso para vivir el presente.
Podemos seguir construyendo proyectos, enamorándonos, trabajando, viajando y deseando cosas. La pregunta es si podemos hacerlo sin convertir nuestra vida actual en una sala de espera.
Quizá la cuestión no sea encontrar la zanahoria perfecta. Sino aceptar que quizas hoy, ya, tengamos la zanahoria en nuestra mano y no lo sepamos: la vida ya está sucediendo.
Dejar de convertirnos en otra persona para sentir que merecemos amor, respeto y pertenencia.
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Soy Ángel Villa y acompaño procesos de crecimiento personal desde un enfoque emocional y corporal, trabajando con codependencia, heridas emocionales, relaciones y regulación del sistema nervioso.
Autor: Ángel Villa
Ketan Raventós Klein: Sanar el corazón. Despertar el maestro interior y sanar las heridas emocionales. Editorial Gaia. Material utilizado: “La zanahoria de la (in)felicidad”.
Osho: Intimidad. Material utilizado: “Acéptate como eres”.
Las ideas y conceptos utilizados pertenecen a perspectivas espirituales, terapéuticas y de crecimiento personal de Osho y Ketan. Se presentan como marcos de reflexión y no como afirmaciones clínicas ni como modelos sobre los que exista necesariamente consenso científico.
Este contenido tiene una finalidad informativa y divulgativa y no sustituye la valoración o atención de un profesional sanitario cuando sea necesaria.