Confianza
Cómo abrirnos a otra persona sin confundir confianza con garantías absolutas.
LeerEnamorarnos puede ser el comienzo de una relación amorosa. Pero amar empieza cuando dejamos de idealizar a la otra persona y comenzamos a encontrarnos con quien realmente tenemos delante.
Al comienzo de una relación podemos experimentar una enorme intensidad. Hay deseo, ilusión, curiosidad, energía, sexualidad y ganas de compartir. La presencia del otro parece llenar la vida de una luz especial.
En esta fase todavía conocemos relativamente poco a la otra persona. Hay una parte real —lo que estamos descubriendo de ella— y otra parte que completamos con nuestras expectativas, deseos y fantasías. Vemos cualidades que nos atraen y podemos imaginar todo lo que esa relación podría llegar a ser.
El enamoramiento no es falso. Lo que sentimos es absoluta biologia: UNA BOMBA HORMONAL. Pero la intensidad de lo que sentimos no significa necesariamente que conozcamos profundamente al otro.
Podemos compartir una enorme atracción, una sexualidad apasionada y una sensación extraordinaria de conexión. Todo eso puede ser precioso. Pero todavía queda por descubrir qué sucede cuando aparecen las diferencias, los límites, las frustraciones y las partes de nosotros que no mostramos durante la luna de miel.

Antes o después empezamos a descubrir que nuestra pareja no es exactamente el ideal que habíamos proyectado. Tiene necesidades diferentes, límites, miedos, contradicciones y maneras de relacionarse que quizá no encajan con lo que esperábamos.
Entonces pueden aparecer decepción, enfado, miedo, sensación de rechazo o abandono. Aquello que al principio parecía fluir sin esfuerzo comienza a activar nuestras propias heridas y vulnerabilidades.
Este momento suele interpretarse como una señal de que “el amor se ha terminado”. Y a veces, naturalmente, descubrimos una incompatibilidad real o que una relación no nos hace bien. Pero otras veces lo que está terminando no es necesariamente el amor: es la idealización.
Aquí aparece uno de los grandes puntos de inflexión de una relación. Podemos intentar recuperar obsesivamente las sensaciones del principio, buscar otra persona con quien volver a experimentarlas, tratar de cambiar al otro para que vuelva a encajar en nuestra fantasía o empezar a conocer realmente a la persona que tenemos delante.
Cuando la relación avanza, la intimidad empieza a mostrarnos mucho más que las cualidades del otro. También hace visibles nuestras heridas, nuestros temores y nuestras formas habituales de protegernos.
Uno puede sentir miedo al abandono y buscar más cercanía, atención o confirmación. Otro puede sentirse invadido y protegerse alejándose, cerrándose o necesitando más espacio. Podemos exigir, controlar, complacer, retirarnos, enfadarnos o hacer como si nada ocurriera.
Es fácil concluir que todo nuestro malestar lo provoca la pareja. Pero observar qué se activa dentro de nosotros permite distinguir entre dos cosas importantes: lo que realmente está ocurriendo en la relación y lo que esa situación despierta en nuestra historia emocional.
Responsabilizarnos de nuestras reacciones no significa justificar una mentira, una falta de respeto, una manipulación o una relación dañina. Significa poder expresar lo que sentimos y necesitamos sin convertir automáticamente al otro en responsable de resolver nuestro mundo interior.
Es precisamente aquí donde una relación puede dejar de ser solamente una experiencia romántica y convertirse en una oportunidad de autoconocimiento.
El enamoramiento puede ocurrir casi sin que lo decidamos. Construir intimidad es otra cosa. Requiere tiempo, presencia y la disposición a mostrarnos más allá de la imagen que queremos ofrecer.
Amar no significa vivir permanentemente en el estado emocional de los primeros meses. El deseo puede cambiar, la atracción puede fluctuar y habrá momentos de cercanía y otros de distancia. La relación real incluye desacuerdos, frustraciones y la necesidad de negociar dos mundos diferentes.
Desde la perspectiva de Jeff Foster, una relación profunda se construye más desde la presencia y la honestidad que desde la fantasía: poder mostrar vulnerabilidad, expresar dolor sin utilizarlo para culpabilizar, pedir apoyo sin exigir que el otro colme todas nuestras necesidades y aceptar también sus límites.
El amor empieza a hacerse más consciente cuando podemos decir: “te veo como eres, me dejo ver como soy y no necesito convertirte en la persona que imaginé para poder relacionarme contigo”.
Eso no significa permanecer juntos a cualquier precio. A veces amar también implica reconocer que una relación ha terminado. Pero incluso entonces podemos dejar de medir el amor únicamente por su duración. Una relación puede transformarse, enseñarnos, abrirnos y terminar sin que todo lo vivido haya sido falso.
Una de las fantasías más poderosas del amor romántico es pensar que existe alguien capaz de completarnos, salvarnos de nuestra soledad o garantizar nuestra felicidad. Cuando colocamos esa responsabilidad sobre la pareja, el miedo a perderla puede convertirse en dependencia, control o renuncia a nosotros mismos.
Osho insiste en que el amor también necesita aprenderse y que el punto de partida está en nuestra propia capacidad de amarnos. Jeff Foster plantea algo parecido desde la presencia: el otro puede acompañarnos, pero no puede vivir, sentir ni sanar por nosotros.
Una relación madura puede ofrecernos afecto, compañía, sexualidad, apoyo, ternura y una profunda intimidad. Pero sigue estando formada por dos personas completas, cada una responsable de su propia vida.
Quizá la diferencia fundamental sea esta: en el enamoramiento queremos que la realidad confirme nuestro sueño; en el amor empezamos a relacionarnos con la realidad.
Y precisamente cuando dejamos de exigir que el otro sea nuestra fantasía, puede comenzar una aventura mucho más profunda: descubrir quién es realmente esa persona y permitirle descubrir quiénes somos nosotros.
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Soy Ángel Villa y acompaño procesos de crecimiento personal desde un enfoque emocional y corporal, trabajando con codependencia, heridas emocionales, relaciones y regulación del sistema nervioso.
Autor: Ángel Villa
Instituto Sammasati de Consciencia Emocional: materiales “La aventura de abrir el corazón” y “La aventura de la intimidad”, utilizados para desarrollar las ideas sobre enamoramiento, idealización, activación emocional, vulnerabilidad e intimidad.
Jeff Foster: “El Yoga de las relaciones” y “Te vendieron una hermosa mentira sobre el amor”, utilizados como perspectivas sobre presencia, expectativas, vulnerabilidad, libertad y responsabilidad emocional.
Osho: materiales “He pasado toda mi vida intentando encontrar a alguien que me ame realmente” y “¿Por qué la gente cambia constantemente de pareja?”, este último procedente de El libro de la comprensión, utilizados como perspectivas sobre amor propio, aprendizaje del amor e intimidad.
Las ideas de Osho, Jeff Foster y los materiales de Sammasati pertenecen a perspectivas espirituales, terapéuticas y de crecimiento personal. Se presentan como marcos de reflexión y no como una clasificación científica universal de las fases de pareja.
Este contenido tiene una finalidad informativa y divulgativa y no sustituye la valoración o atención de un profesional sanitario cuando sea necesaria.