Herida de abandono
Cómo el miedo a perder el vínculo puede influir en nuestras relaciones.
LeerConfiar no significa que todo vaya a suceder como esperamos. Significa poder abrirnos a la vida sin dejar de escucharnos, cuidarnos y poner límites.
La confianza puede entenderse como una actitud de apertura ante la vida: la capacidad de experimentar, relacionarnos, explorar lo desconocido y responder a lo que sucede sin necesitar controlar constantemente el resultado.
Muchas veces confundimos confiar con esperar que las personas o las circunstancias respondan como deseamos. Mientras todo encaja con nuestras expectativas sentimos seguridad; cuando algo cambia, esa aparente confianza puede desaparecer.

Confiar no significa cerrar los ojos. No implica ignorar nuestras necesidades, permitir comportamientos dañinos, renunciar a nuestros límites ni pensar que todo saldrá bien.
Podemos confiar y, al mismo tiempo, observar la realidad, protegernos y tomar decisiones.
Cuando depositamos nuestra seguridad en que otra persona cumpla nuestras expectativas, podemos estar construyendo una confianza condicionada: “confío mientras las cosas sean como necesito que sean”. Esto puede aparecer con mucha intensidad al comienzo de una relación. La atracción, la ilusión y el deseo de conectar facilitan que proyectemos sobre la otra persona necesidades y expectativas.
Cuando descubrimos que el otro no coincide con la imagen que habíamos construido, pueden aparecer frustración, enfado, decepción, sensación de abandono o traición.
La confianza no consiste en conseguir que el otro encaje en nuestro ideal, sino en poder permanecer en contacto con la realidad y responder a ella con consciencia, responsabilidad y respeto hacia nosotros mismos.
En lugar de obligarnos a confiar, puede resultar más útil observar con curiosidad qué aparece dentro de nosotros cuando intentamos hacerlo.
Podemos preguntarnos: ¿qué me impide confiar más en mí mismo?, ¿qué me impide confiar en otra persona?, ¿qué me impide abrirme a la vida?, ¿qué temo que pueda ocurrir?
Estas preguntas no buscan encontrar una respuesta rápida ni juzgarnos. Su función es ayudarnos a reconocer las diferentes capas que puede haber detrás de nuestra desconfianza.
Nuestra capacidad para confiar puede estar influida por las experiencias que hemos vivido, especialmente por aquellas relacionadas con nuestros primeros vínculos.
Experiencias de:abandono, rechazo, crítica, humillación, falta de apoyo, invasión de límites, violencia, manipulación, traición o falta de aceptación pueden contribuir a que aprendamos a protegernos y a mantenernos en alerta ante determinadas situaciones.
Cuando de niños sentimos que solo somos aceptados si nos comportamos de una determinada manera, podemos aprender que el amor y la aceptación son condicionales. Estas experiencias pueden influir posteriormente en la imagen que tenemos de nosotros mismos y en la forma en que interpretamos la cercanía, el conflicto, la incertidumbre o la posibilidad de ser rechazados.
Esto no significa que toda desconfianza proceda necesariamente de la infancia ni que desconfiar sea siempre problemático. En determinadas situaciones, la cautela es una respuesta adecuada y protectora.
Hay situaciones actuales que pueden despertar emociones relacionadas con experiencias anteriores. Una distancia inesperada, una crítica, un cambio, un conflicto o la incertidumbre pueden activar miedo, inseguridad o necesidad de protegernos.
En esos momentos podemos reaccionar alejándonos, cerrándonos, intentando controlar al otro, buscando explicaciones constantemente o interpretando la situación desde nuestros temores.
Una distinción útil es observar la diferencia entre lo que está sucediendo ahora y lo que esa situación despierta dentro de nosotros.
El presente puede actuar como detonante de emociones antiguas, pero también puede existir un problema real en la situación actual. Comprender nuestra historia no significa ignorar lo que hace el otro ni responsabilizarnos de aquello que no nos corresponde.
La desconfianza puede expresarse de muchas maneras: evitando determinadas situaciones, anticipando que algo saldrá mal, necesitando controlar, buscando garantías constantes, interpretando ambiguamente las acciones de los demás o alejándonos cuando sentimos vulnerabilidad.
También podemos intentar cambiar al otro, culpabilizarlo de todo lo que sentimos, cerrarnos emocionalmente o evitar experiencias que impliquen incertidumbre.
En otras ocasiones ocurre lo contrario: confundimos confiar con ignorar señales importantes, soportar situaciones que nos dañan o esperar indefinidamente que alguien cambie.
La confianza saludable necesita apertura, pero también realidad, límites y capacidad de respuesta.
Recuperar la confianza no consiste en convencernos de que nada malo va a suceder.
Puede comenzar por reconocer nuestros miedos y nuestras experiencias, observar cuándo reaccionamos desde ellas y desarrollar la capacidad de permanecer presentes ante lo que sentimos.
También implica aprender a diferenciar entre una amenaza actual y una reacción relacionada con experiencias anteriores, escuchar nuestras necesidades y establecer límites cuando sean necesarios.
Confiar no elimina la incertidumbre. Nos ayuda a relacionarnos con ella desde una posición más consciente y con mayor capacidad para responder a lo que ocurra.
Cómo el miedo a perder el vínculo puede influir en nuestras relaciones.
LeerComprender cómo determinadas experiencias pueden influir en nuestra forma de acercarnos a los demás.
LeerConfiar no significa renunciar a nuestras necesidades ni permitir aquello que nos hace daño.
LeerAutor: Ángel Villa.
Contenido elaborado a partir de materiales de Ketan Raventós Klein / Sammasati – Instituto de Consciencia Emocional sobre confianza, desconfianza y trabajo de autoobservación, y de textos de Osho sobre confianza y creatividad.
Algunas expresiones de estos materiales pertenecen a enfoques de desarrollo personal y trabajo emocional y no deben interpretarse como afirmaciones clínicas o diagnósticas. En esta página se han reformulado como contenido divulgativo.